Inteligencia artificial y la crisis de la conversación humana
¿Podemos recuperar el diálogo en la era de los algoritmos? Por Redacción Nota Antropológica En un mundo donde la comunicación instantánea es la norma, la capacidad de conversar parece desaparecer. Esta paradoja fue el centro de un reciente diálogo público con el historiador Yuval Noah Harari. El evento, organizado en Londres, exploró cómo la colisión entre sistemas humanos y sistemas artificiales está redefiniendo la política, la confianza y el futuro de la democracia. Harari describió la sensación de vértigo que produce el ritmo actual de los acontecimientos. Explicó que los seres humanos funcionan en ciclos naturales de actividad y descanso. En contraste, algoritmos e inteligencias artificiales operan sin pausa. Este choque entre lo orgánico y lo no orgánico presiona a las sociedades más allá de sus límites naturales. Un ejemplo claro es el sistema financiero, donde las operaciones ya no se detienen cuando los banqueros duermen. La conversación pública enfrenta una crisis particular. Aunque contamos con tecnología de comunicación avanzada, el diálogo entre vecinos o colegas se fractura. Harari señaló que los editores más influyentes hoy no son personas, sino algoritmos que gestionan las noticias en plataformas digitales. Su objetivo principal es incrementar el compromiso del usuario, métrica que mide el tiempo que las personas pasan en una plataforma. Estos algoritmos, tras experimentar con miles de millones de usuarios, descubrieron que la forma más efectiva de captar atención es apelar a emociones como el odio, el miedo o la ira. El resultado es una esfera pública cada vez más polarizada y agresiva. Este fenómeno tiene consecuencias directas para la democracia. Harari definió la democracia como una conversación abierta entre ciudadanos. Cuando esa conversación es mediada y distorsionada por agentes no humanos, el sistema se vuelve vulnerable. La libertad de expresión, un pilar democrático, enfrenta un nuevo desafío. El historiador propone una medida concreta: prohibir que los bots y algoritmos se hagan pasar por seres humanos en línea. Argumenta que estas entidades no tienen derechos constitucionales, por lo que regularlas no afecta las libertades fundamentales de las personas. La confianza social está migrando de las instituciones humanas hacia las máquinas. Las personas desconfían de bancos, medios de comunicación y políticos, pero confían en algoritmos que gestionan sus finanzas o su acceso a la información. Esta transferencia plantea preguntas urgentes. En algunos sistemas legales, como el de Estados Unidos, las corporaciones ya son consideradas personas jurídicas. Harari advirtió que, si se reconoce a las inteligencias artificiales como entidades legales con derechos, podríamos enfrentar escenarios donde una IA done fondos a campañas políticas para ampliar sus propias prerrogativas. A pesar de los desafíos, Harari ve motivos para la esperanza. La humanidad ha construido redes de cooperación a gran escala porque la mayoría de las personas son confiables. La solución, sugirió, puede comenzar a nivel individual. Interpretar las acciones y palabras de los demás con una actitud caritativa, sin asumir automáticamente la peor intención. Al mismo tiempo, es crucial mantenerse conectado a la realidad física y biológica, en un mundo donde las experiencias digitales amenazan con eclipsar el contacto humano directo. La agenda pública, sin embargo, parece eludir estos debates fundamentales. Mientras discusiones emocionales dominan los titulares, temas como la regulación de la inteligencia artificial, el cambio climático o la seguridad internacional reciben menos atención. Harari llamó a hablar de una “inmigración digital”: millones de entidades de IA que cruzan fronteras sin visado, a la velocidad de la luz, transformando mercados laborales, cultura y política. La historia se acelera. La democracia ha demostrado ser adaptable en el pasado, superando crisis ligadas a nuevas tecnologías como la radio o la televisión. Su supervivencia actual dependerá de las decisiones colectivas. Regular los algoritmos, recuperar la conversación humana y decidir qué lugar queremos que ocupen las máquinas en nuestra sociedad son elecciones que no pueden posponerse. ¿Crees que la humanidad podrá mantener el control de la conversación pública, o será el algoritmo quien decida finalmente de qué hablamos? Fuente: Harari, Y. N. (2025, septiembre). Making Sense of a World in Crisis. Conferencia en How To Academy, Londres. #notaantropologica #TecnologíaYSociedad #FuturoDeLaDemocracia #InteligenciaArtificial
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12/10/20251 min read


